Microbiótica Interior
La búsqueda de la salud en el conjunto del ser humano. Hablar de Microbiótica en la alimentación es hablar de Nutrición Simbiótica: una nueva forma de relacionarnos con nuestra salud y nuestra microbiota a través de la comida.
Somos un holosimbionte
No somos un individuo aislado, sino un conjunto de sistemas vivos integrados en simbiosis: células humanas y microorganismos. El 99 % de nuestra microbiota vive en el intestino, y más del 70 % de las defensas del sistema inmunitario se generan allí.
El intestino tiene además su propio sistema nervioso, con unos cien millones de neuronas. De cada diez mensajes que viajan por el nervio vago, nueve van del intestino al cerebro.
Lo que comemos alimenta también a quienes viven con nosotros. Por eso la Nutrición Simbiótica contempla a la vez el bienestar de nuestro cuerpo y el de los microorganismos que lo habitan.
Los cinco principios de la Nutrición Simbiótica
Un orden sencillo que va de lo que dejamos de hacer a lo que añadimos.
- No ensuciar el organismo con una mala alimentación.
- Limpiar y desintoxicar el organismo.
- Regenerar la microbiota intestinal.
- Fortalecer el microbioma nativo.
- Nutrir a través de alimentos reales y, si es necesario, con suplementación.
Alimentos simbióticos
Los que llevan a la vez componentes prebióticos y probióticos y, al fermentar, generan posbióticos. Los simbióticos por excelencia son los alimentos fermentados.
- Prebióticos
- El alimento de nuestras bacterias. Un probiótico sin su hábitat y sin alimento compatible suele durar poco: importa el contexto.
- Probióticos
- No son cualquier bacteria, sino cepas o consorcios concretos que, en cantidad adecuada, pueden influir en la barrera intestinal, la competencia frente a patógenos y la señalización inmunitaria.
- Posbióticos
- Todo lo que generan los microorganismos con su actividad: ácidos orgánicos, ácidos grasos de cadena corta, enzimas, vitaminas y aminoácidos.
Fermentos vivos
Chucrut, kimchi, kéfir, kombucha, miso sin pasteurizar, encurtidos lactofermentados. Desde hace miles de años, casi todos los pueblos del mundo tienen una cultura microbiótica tradicional a través de la fermentación.
Aportan microorganismos vivos y también lo que producen al fermentar: ácidos orgánicos, enzimas, péptidos, vitaminas y bacteriocinas. Muchas veces el beneficio no es solo «meter bacterias», sino esos subproductos que modulan el intestino y el sistema inmunitario.
Una regla práctica: a más fermentado, menos cantidad.
Los fermentados pueden no convenir temporalmente en casos de déficit de diaminooxidasa (DAO), histaminosis, sobrepoblación de levaduras, candidiasis o SIBO. Consulta con un profesional de la salud.
Aprende Nutrición Simbiótica a fondo
El Curso Experto en Nutrición Simbiótica recorre en nueve módulos todo lo que aquí solo apuntamos, de la teoría a la cocina.